jueves, 10 de marzo de 2011

Monólogo público con mi maestra Miriam

Cuando nos hablen de transformación, debemos recordar que en su carácter etimológico es una acepción disyuntiva y nunca olvidar que el término destrucción es una de las dos opciones en que consiste. Con el vocablo cambio ocurre algo parecido y posee un mero significado de traslación. En política estoy enamorado de la palabra direccionalidad.


Miriam Biscardi de Ríos, mi maestra de tercer grado, de férrea dulzura y terrible honestidad, en su ilustre clase diaria, solía transmitirnos ejemplarizantes conceptos de ciudadano y de país, interesante tarea a largo plazo llevada a cabo, máxime aún por la escasa perceptibilidad de noción de cuarenta niños de ocho años de edad, aturdidos por el festín con excesos que resultó la bonanza petrolera de 1974. Inexorable, el tiempo fue pasando, entre crisis y luchas harto conocidas. Mas sin embargo, hoy día, en la soledad de la escritura, en esta modesta mesa de trabajo, a veinticuatro años de su bonita experiencia educativa, pienso que su misión realizada no se ha perdido, que no fue en vano, así el país tenga extraviado en algún lugar de la geografía el valor ciudadano y los ciudadanos hayamos reducido el patriotismo a la insulsez de la palabra hueca. Ojalá este monólogo público con usted sirva para que alguien se incorpore y lo convirtamos en diálogo o polémica, en grito tremebundo, en clamor escuchado. La sustancia de este escrito no es loa ni égloga, sino un pequeño reconocimiento para quien me enseñara la mágica belleza de las primeras letras, tampoco ¡y qué fortuna para ambos! una alabanza de “ocioso escribidor y compañerito de partido”, porque felizmente en política tenemos formaciones diferentes.

¿En qué momento empezó el derrumbe nacional? ¿O la nación ha existido como tal? ¿O somos nosotros mismos los derrumbadores que, cada noche, nos dormimos entre nuevos escombros de lo que no fuimos? ¿O aniquilamos una farsa con otra nueva farsa? ¿O quién nos asigna ese guión de náufragos supremamente tan real, que algunos hace tiempo lo creemos en serio? ¿O el poderoso de la trama tiene acaparados los salvavidas en tierra firme y en el script no aparece esta escena?

No es que me aferre a las últimas cinco sílabas de mi cédula de identidad cual xenófobo fan de un furioso larapeñista recién documentado en diferendos ni mucho menos al endulcir bobalicón del publicitario nacionalismo mercantil de lo nuestro es lo mejor, pero siempre vamos persiguiendo la caravana de un desastre, inclusive, encandilados y junto con los malos, contagiosos y contagiando, por calles empedradas de buenas intenciones. “Ésa es la muerte de las ideologías”, sentenció, juicioso, un muy querido pediatra sexagenario a quien profeso afecto, y yo, cuan obediente niño diagnosticado, guardé mis postulados de aspirante a comunista en el mejor sitio de la memoria donde se olvidan las cosas, presagié con vítores mis futuros aportes a la patria y coloqué el producto de mis lecturas al servicio de una nueva causa, que degeneró de fresco liderazgo discursivo a fraseología variopinta de ocasión, de gavilla sedienta a prolongación de lo anterior reinante. En mi caso, mi visión del mundo no funcionó. Mas no culpo a nadie ni me arrepiento de “mi carencia de análisis”, de “mi ceguera ante el signo de los tiempos”. Quizá, con sus características lógicamente particulares y con otras escenografías, le haya ocurrido en esencia lo mismo.

Ha habido enseñanzas muy duras, maestra. Y, por supuesto, años para digerirlas, asimilarlas y devolverlas al escenario social. En nombre del mapita ése, colgado en la pared izquierda del salón, que se me parecía a un pequeño elefante, con la trompa alzada y las patas traseras con franjas oblicuas, sigo orientando todos los actos de mi vida, como usted bien nos lo pidió, un buen día de esos en que se quiere como padre y se respeta como hijo. Probablemente se ha enterado que escogí el oficio de poeta y, a juzgar por las ruedas de tractor y los insecticidas agrícolas que rigen aquí la nobleza del trabajo, de antemano la disculpo si lo considera algo aventurero o trajín de vago. No he conocido otra manera de hacer efectivo mi aporte como ciudadano, distinción cuya única mácula en su haber fue ilusionar a otro ciudadano con la ilusión de convertir una esperanza en realidad. De todos modos esa misma ilusión me la vendí a mi mismo y estoy cargando con la raya dos veces.

Me recuerdo de usted en esta hora por varias razones, tengo días pensando en mis maestros, los voluntariosos, los amables, los enérgicos, tánto… que no merecían tánto olvido de mí; permítame la falta de consideración al sintetizarlos en usted. Hace poco me detuve frente a la escuelita nuestra, allí donde incineró su juventud en función de un país, y tuve que traerme los pedazos de corazón en la mano al verla en las humillantes ruinas donde agoniza. No quisiera que nuestro próximo encuentro sea cuando asistamos a su demolición. Me recuerdo de usted, también, porque deseaba contarle a alguien de respeto lo tormentoso de autoexiliarse durante nueve largos meses de silencio.

Si por lo pronto no se concreta en el país un proyecto realizable de direccionalidad en que enrolarme, en lo adelante trataré de mejorar mi distinción de ciudadano, como me lo inculcaron cuando apenas era un niño de ocho años de edad.



Publicado en el diario “Ultima Hora” del estado Portuguesa, el 26 de abril de 1998, pág 04, sección Opinión.

martes, 13 de abril de 2010

Jugar de otra manera

Es interesante leer el artículo «Ni primarias ni consenso: sindéresis» de ayer en “Ultima Hora” y la nota publicada en la prensa regional –que en resumen ambos textos dicen lo mismo−, en que Iván Colmenares presenta “con poca fe”, “ante el pueblo de Portuguesa y ante la Mesa de Unidad Democrática Regional, este aporte para lograr una integración global de todos los sectores que quieren participar en la contienda electoral del 26 de septiembre” (sic), para tratar de darle un viraje a los negociados internos que las cúpulas partidistas de la oposición mantienen en torno al tema electoral.

Intuyo que Iván José orientado por su olfato presiente venir sobre la oposición lo que otros no ven, o se niegan a ver: una espectacular derrota.

En Venezuela ocurrió una ruptura histórica el 6 de diciembre de 1998; se ensayan nuevas formas de organización; se implementa una nueva legislación, que va normando la creación en plena hechura; se estructura un nuevo tipo de país; el pueblo se organiza en revolución, cuya concepción más acabada ha de ser su configuración en poder popular, a través de la construcción colectiva del socialismo.

La dirigencia opositora de Portuguesa no interpreta, no analiza a ese nuevo país que bulle, que emerge en sus propias narices. No han avanzado políticamente nada. Piensan que desde una página de internet hablando estupideces, o con mensajitos de texto sin contenido, harán retroceder a un período histórico, cuyo origen deviene de la exclusión social creada por estos mismos opositores, cuando fueron gobierno. Piensan que sin formular una idea y al amparo económico de algún contratista suicida, obtendrán una votación del pueblo, sin tener con éste el más mínimo contacto político. Piensan que piensan, y convierten su deseo personal “en un hecho real”, cuando la realidad anda transformándose en los sueños y los anhelos de quienes nunca tuvieron nada, cuando la realidad se convierte en ejercicio político pleno para quienes nunca más han de ser engañados.

Entiendo este llamado a “sindéresis” de Iván José, como un intento de renovación de liderazgos en las filas de la oposición portugueseña, cuando dice, “ …sin desmerecer a nadie, que otros nombres que están presentes en el debate, deberían dar su aporte en estos tiempos de convulsión, donde la única garantía frente al fracaso y a la arremetida del gobierno para alcanzar lo imposible el 26S, no sólo es unidad, porque esa fórmula sin carne, la probamos duramente en el 2008, mordiendo el polvo de la derrota, unos simplemente perdedores, pero otros humillantemente aplastados… “(sic).

Al sacrificar su propio nombre, por unos bueyes cansados que no tienen propuesta política alguna, siendo él el único de los aspirantes de la oposición que en Portuguesa posee una votación propia, en descenso, y posiblemente suficiente como para obtener una curul, es dable entender su poca fe, pues ya por adelantado se da por no oído.

Por ignorar el carácter de clase en su análisis político –algo muy lógico, pues él no es ningún revolucionario−, Iván José yerra al determinar que la oposición puede “…salir del hueco y enfrentar con éxito, a la avasallante maquinaria oficialista, que sólo está aceitada por el poderoso Don Dinero, pero que ya no tiene el afecto popular ni el arraigo de un Presidente… ”(sic). ¿Avasallante maquinaria oficialista? ¿Aceitada por el poderoso Don Dinero? ¿Afecto popular? Desde esta perspectiva él le niega al pueblo toda capacidad de comprensión política, lo trata como a un objeto, y encima diciéndole “que se aceita con dinero” le pide su apoyo para sacar a la oposición de “un hueco”, y así, una vez colocada aquella en las curules, pueda proceder a “su liberación”. ¿Quién está en mejor circunstancia? ¿El pueblo? ¿O la oposición? Por fortuna, estas brumosas calificaciones, donde se manifiesta claramente un profundo desprecio de clase –pese al ocultamiento de su carácter dentro del análisis− son detectadas por el pueblo, que sabe mejor interpretar la política que los dirigentes. Para las élites políticas, y para las cortes exquisitas de intelectuales, el pueblo no es reconocido como categoría ni como variable de poder; paradójicamente, este desconocimiento opera en su favor mientras se desarrolla como sujeto histórico.

Sin embargo, este llamado a “sindéresis”, que yo interpreto como renovación de liderazgos, adolece de una falla: no es propuesta de dialogo. Al decir su proponente que esperará, “…por una respuesta de la Mesa de Unidad Democrática Regional hasta el próximo 20 de abril, en caso de no obtenerla –indicó- jugaré de otra manera… “(sic), cierra todas las puertas, incluso a la propuesta misma y a sus nominados. ¿Quién dialoga con un plazo de por medio? ¿Cómo se podría interpretar la frase “jugaré de otra manera”?

“Jugaré de otra manera”, tiene varias interpretaciones. Si se le desprovee de la carga de chantaje que pudiera tener, podría interpretarse como que Iván José destinará sus esfuerzos a construir política a largo plazo, a concentrar una fuerza, a construirla, como él mismo una vez lo hiciera, mucho antes de que la preeminencia de los medios de comunicación convirtiera al ejercicio político en comodidad, en facilismo y en holgazanería. “Jugaré de otra manera”, también tiene su cara anti-democrática, que es el rostro del fascismo, del desconocimiento institucional, del quebrantamiento de las reglas de juego.

Por conocerlo muy bien, le doy el beneficio de la duda: pensaré que se inclinará por lo primero, desechando totalmente lo segundo.

lunes, 5 de abril de 2010

El 19 de abril de 1810

A pesar de tratar de reconocer a Fernando VII como rey, y de erigir una Junta conservadora de sus derechos en nuestras tierras, el 19 de abril de 1810 fue la génesis constituyente de la Independencia en Venezuela. Siempre se fija su gestación como producto de las Abdicaciones de Bayona, acontecidas dos años antes, en que Napoleón Bonaparte transforma a su hermano José en Rey de las Españas y de las Indias. Este hecho es, indiscutiblemente, el disparador internacional que desencadena los llamados sucesos de aquel día, tan memorable en nuestra historia. Como memorable es señalar también que una revolución social se venía germinando como factor interno para conjugarse con aquel episodio, y la misma que tiene sus referencias lejanas e inmediatas en el levantamiento de Juan Francisco de León en 1749; la sublevación de Manuel Gual y José María España, en 1797; las fallidas expediciones navales de Francisco de Miranda a nuestras costas, en 1806; y la conjura de los mantuanos de Caracas, en 1808.

Necesario es ubicar en contexto a nuestros caros lectores que de estas referencias lejanas e inmediatas al 19 de abril de 1810 como puntales del agotamiento social y político de la superestructura colonial, sólo el movimiento de Gual y España y las fallidas expediciones navales de Francisco de Miranda se propusieron la Independencia de Venezuela, desde el punto de vista militar, con un programa, una bandera y teniendo la fundación de una patria como fin ulterior. El levantamiento de Juan Francisco de León fue fundamentalmente contra el monopolio representado por la Real Compañía Guipuzcoana y pedía la libertad de comercio entre sus fines; sin embargo, su reseña dentro de este marco sirve para colocar un punto de partida de aquella revolución en marcha, que habrá de estallar con mayor fuerza en las décadas posteriores. De la conspiración de los mantuanos de Caracas, haré unas consideraciones unos párrafos más adelante.

El 19 de abril de 1810 tuvo su evolución

De Junta Suprema de Caracas que trató de jurar fidelidad a un rey, se convierte en debate político y en concepción jurídica; devenida en Primer Congreso, se convierte en independencia y en patria. Fue impulsado por mantuanos y por blancos criollos que apuntaron siempre al aspecto económico y a su control, lo que trajo aparejadas en las consecuencias políticas de dicha acción consecuencias militares, que se desarrollarán en una larga guerra de diez años, donde habrá de inmolarse la mitad de nuestra población. En su devenir y consulta privó el régimen censitario, que reservó y aseguró a los propietarios de bienes su elección y participación en aquellas históricas deliberaciones; y el pueblo venezolano como convidado de piedra, puesto siempre como “objetivo” del “fin”, el que aclamó con su no la renuncia de Vicente Emparan, fue nutriendo de contenido social aquel día hasta apropiárselo por completo, aún al costo de su propia vida, en las innumerables batallas que se libraron a posterior, parteras de nuestra vida republicana.

Puede decirse que el 19 de abril de 1810 es el punto crucial de muchas fechas, de muchos hechos; pero también puede decirse que es el punto de quiebre en que el accionar de una casta es rebasado por un pueblo y una vanguardia para construir una nación. Ése es el carácter histórico que garantiza su permanencia en el tiempo.

Pero esa evolución tiene sus fundamentos en una conducción política impecable, que supo con sentido de oportunidad cuándo era el momento preciso para dar el viraje. El 19 de abril de 1810 bien pudo haberse convertido en una re-edición de la conspiración de los mantuanos de Caracas, como era en sus propósitos iniciales. Condes, marqueses y clérigos pujando para que todo siguiera igual, buscando convertir un cambio histórico en simple fachada. Basta con echarle un vistazo a las primeras decisiones de aquella Junta Suprema, para uno percibir que lo que se buscaba era el control político, económico y militar de la Metrópoli, sin que la superestructura de la Colonia se modificara un ápice.

Bien vale recordar al Libertador Simón Bolívar, faltando tan sólo horas para el 5 de julio de 1811, cuando exige la pronta declaración de la Independencia de Venezuela, “No es que hay dos Congresos. ¿Cómo fomentarán los que conocen más la necesidad de la unión? Lo que queremos es que esa unión sea efectiva y para animarnos a la gloriosa empresa de nuestra libertad; unirnos para reposar, para dormir en los brazos de la apatía, ayer fue una mengua, hoy es una traición. Se discute en el Congreso Nacional lo que debería estar decidido. ¿Y qué dicen? Que debemos comenzar por una confederación, como si todos no estuviésemos confederados contra la tiranía extranjera. Que debemos atender a los resultados de la política de España. ¿Qué nos importa que España venda a Bonaparte sus esclavos o los conserve, si estamos resueltos a ser libres? Esas dudas son tristes efectos de las antiguas cadenas. ¡Que los grandes proyectos deben preparase con calma! Trescientos años de calma ¿no bastan? La Junta Patriótica respeta, como debe ser, al Congreso de la nación, pero el Congreso debe oír a la Junta Patriótica, centro de luces y de todos los intereses revolucionarios. Pongamos sin temor la piedra fundamental de la libertad suramericana: vacilar es perdernos… …Que una comisión del seno de este cuerpo lleve al soberano Congreso estos sentimientos”1.

No en balde aquel Primer Congreso, el 2 de marzo de 1811, cesando en sus funciones a la Junta Suprema de Caracas, se instala ¡qué curioso! en la residencia del Conde de San Javier, en virtud de la misión gatopardiana que llevaba incubada. No en balde la Iglesia católica mueve en aquel propósito a las mejores fichas −o cuadros políticos, mejor dicho− con que contaba. Sólo que la voluntad política de una vanguardia se impuso y un pueblo nutrió de contenido social a una fecha, que el mantuanaje colonial había reservado para cambiar de forma y seguir medrando.

Por eso, el 19 de abril de 1810 es y seguirá siendo un día del pueblo venezolano, de sus aspiraciones, de sus conquistas, de sus luchas y de sus sueños.



Fuente consultada:
1) «Doctrina del Libertador», Simón Bolívar, Colección Biblioteca Ayacucho, Nº 1, Págs 7 y 8. (Subrayados nuestros).

martes, 30 de marzo de 2010

Un monstruo llamado Juan Germán Roscio

Uno de los personajes claves en los acontecimientos emancipatorios que produjeron el 19 de abril de 1810, fue sin duda alguna Juan Germán Roscio. Nació en San José de Tiznados (hoy estado Guárico), el 27 de mayo de 1763. Estudia Teología, Sagrados Cánones y Derecho Civil, en la Universidad de Caracas, porque contó con el apoyo de la hija del Conde de San Javier, doña María de la Luz Pacheco, quien se encarga financiar sus estudios y manutención, desde 1774.

Siendo hijo de padre italiano y madre mestiza, se le atribuye la condición de pardo; lo cual le hace vivir en carne propia la discriminación social de la Colonia; pero, a la vez, ese mismo hecho, le curte la conciencia política, que descollará antes y después de aquella memorable fecha de nuestra historia republicana.

Sobre este particular de discriminación social hay dos episodios en su vida dignos de reiterar, que ya han sido contados en otras ocasiones. El primero episodio lo afronta cuando solicita su inscripción como abogado ante la Real Audiencia, que le fue concedida; teniendo la tenaz oposición del Colegio de Abogados, que se negó a admitirlo en su seno puesto que “en el expediente de limpieza de sangre presentado por Roscio no figuraba el calificativo de «india» que en otros documentos se le daba a su madre y a su abuela materna”, episodio que lo lleva a “iniciar un proceso en el cual presentó brillantes alegatos que pusieron en evidencia su formación jurídico-ideológica y la orientación filosófica de su pensamiento”. El segundo episodio lo afronta cuando defiende en el Cabildo de Valencia a una mestiza de nombre Isabel María Páez, esposa de Juan José Ochoa, a quien se le negaba el derecho de usar alfombra para arrodillarse en el Templo, pues éste era un derecho reservado sólo a las mujeres mantuanas. Estos episodios ocurrieron antes del 19 de abril de 1810, y en ambos resultó victorioso.

Juan Germán Roscio, ejerce la docencia, traduce textos. Y es influenciado en las ideas de libertad, como todos los hombres de su tiempo, por el documento titulado “Carta dirigida a los españoles americanos” del sacerdote jesuita Juan Pablo Viscardo y Guzmán. Son los aires mirandinos del gran Sebastián Francisco los que recorren aquella atmósfera libertaria, donde se vieron muchos desprendimientos de la grandeza humana, a la par de no pocas traiciones, de pequeñas ruindades, que siempre medran –para que nada cambie− alrededor del liderazgo de las nuevas épocas.

El 19 de abril de 1810, como hecho constituyente en sí, habría de examinarse, desde el tamiz de 200 años transcurridos, por la conciencia política de quienes lo configuraron, además de los hechos que en consecuencia subsiguieron, pasando por las repúblicas y las batallas, durante diez años de guerra independentista, y por los nueve años de conspiraciones políticas, que nos convirtieron en Estado, en 1830. ¿Cómo terminaron sus vidas? ¿A qué causa sirvieron? ¿Qué papel jugaron cada uno de los nombres aparecen y desaparecen en esa escena inestable e inicial de nuestra vida colectiva? La vida del doctor Roscio es una muestra de esas grandezas humanas a la que el país, con sus nuevas generaciones, tiene el derecho a saber, por el ejemplo que infunde.

Funge como nuestro primer canciller, participa en la redacción de nuestra Acta de Independencia, se le atribuye la redacción íntegra de nuestra primera Constitución, en 1811. Caída la primera República, en 1812, es enviado prisionero a Cádiz, con las siguientes instrucciones de Monteverde, “Presento a V. M. esos ocho monstruos, origen y raíz primitiva de todos los males de América. Que se confundan delante del trono de V. M, y que reciban el castigo que merecen sus crímenes. Dios guarde a V. M. muchos años. Caracas, 14 de agosto de 1812. Señor. Domingo Monteverde". Los demás “monstruos” que acompañaban a Roscio a ese penoso presidio, eran Juan Paz y Castillo, Francisco Isnardi, José Joaquín Cortés de Madariaga, José Barona, Juan Pablo Ayala, José Mires y Manuel Ruiz. Después de estar prisioneros en Cádiz, por servir a la patria y motejados de monstruos, son trasladados a las mazmorras del Ceuta, al norte de África, donde logra fugarse, junto a Francisco Isnardi y el padre Madariaga; son recapturados y devueltos a Cádiz. Por presiones inglesas obtienen la libertad en 1816. Viaja por Estados Unidos y regresa a la patria, a incorporarse a la lucha independentista. Participa en el Congreso de Angostura, es nombrado por el Libertador Simón Bolívar miembro principal del Consejo de Estado y director de las Rentas de la Nación. A fines de aquel año de 1819 es designado Vicepresidente de Venezuela.

Fue una vida apasionante, difícil de comprimir, de sintetizar en un artículo de opinión, sin embargo sirven estas líneas para despertar el interés por investigar con mayor profundidad qué ha significado el nombre de Juan Germán Roscio en nuestra patria. Quien pese a las dificultades, siempre consiguió un espacio para pensar y estudiar. Cuando estaba preso en las mazmorras del Ceuta escribió su único libro, “El triunfo de la libertad sobre el despotismo”, que constituye un tratado sobre la aplicación del derecho basado en Las Sagradas Escrituras, esfuerzo intelectual que lo coloca entre los precursores de la Teología de la Liberación. Fue una vida apasionante que se apagó a los cincuenta y ocho años de edad, el 10 de marzo de 1821, en El Rosario de Cúcuta, mientras desempeñaba la Vicepresidencia de la República de Colombia, aquella república bolivariana que nació en el Congreso de Angostura, el 17 de diciembre de 1819.

Sirva este artículo de opinión también, para recordar su útil y noble vida de patriota a nuestros jóvenes en estos días tan oportunos, en que conmemoraremos el Bicentenario del 19 de Abril de 1810. Sirva para despertarles la curiosidad como estudiantes que son, como estudiantes que nunca dejarán de ser.

martes, 23 de marzo de 2010

Magdiel Páez García, a 19 años de su adiós

Conocí a Magdiel Páez García en esas largas conversaciones políticas que hacíamos los jóvenes de mi generación, acerca del futuro de la izquierda en Venezuela. Corrían los años ochenta. Y nosotros, como herederos directos de su legado −producto de su desempeño en las dos décadas anteriores a aquellos años−, llevando sobre nuestra incipiente formación su pesada carga histórica de derrota y reflujo, observábamos cómo el país trataba de buscar salidas, ante la avalancha neoliberal que se le venía encima. Fueron muchas las noches y muchos los días, de compartir y discutir, con Fernando González y otros camaradas, acerca de esos temas. En esas travesías conocí al Morocho, como también le decíamos, quien, mientras estudiaba en el liceo “5 de Diciembre” de nuestra ciudad, militaba en la siempre aguerrida y solidaria Juventud Comunista.

Culminado su bachillerato, se fue a estudiar historia a la Universidad de Los Andes, en Mérida, iba en el sexto semestre y, durante una protesta estudiantil, en la Facultad de Medicina de esa casa de estudios, a manos del Ejército y por directriz de un oscuro general, fue asesinado un 21 de marzo de 1991. El mes anterior a su crimen, acababa de cumplir 23 años de edad.

Era un amigo leal, un buen estudiante y un noble compañero de viaje.

Los principales responsables de su muerte responden a los nombres de Carlos Andrés Pérez y de Jesús Rondón Nucete, quienes, para aquel entonces, ejercían funciones de presidente de la República y gobernador del estado Mérida, respectivamente. Estos dos personajes dieron continuidad a la clásica política represiva del puntofijismo, rotulada en el funesto signo romulero del disparen primero y averigüen después, sumando el nombre de Magdiel Páez García a una larga estadística que no puede −ni debe− quedar sin respuesta. Ambos gozan de una plácida vejez, ante la lenidad de un Estado que, aún con las formalidades burguesas enquistadas en su funcionamiento, le quedan muchas deudas morales pendientes todavía en el anchuroso transitar a la justicia.

¿Qué diferencia tan grande entre la época aquélla y la actual? Los jóvenes hoy pueden organizarse políticamente bajo la bandera que quieran. Pueden hacerlo libremente, sin ser reprimidos o coartados. Los jóvenes de derecha en Venezuela se organizan en distintas corrientes reaccionarias, incluso a corrientes ajenas a nuestra idiosincrasia y convivencia, como Opnot, el puñito fascista usado en las llamadas Revoluciones de Colores en Europa oriental; reciben pública y notoriamente financiamiento extranjero, en forma premios. Hasta allí pudiera estar bien la tolerancia democrática. Sólo que, al hacer labor conspirativa con apoyo internacional de manera abierta, en contra del Estado, de sus instituciones y del pueblo, se ponen al margen de la ley, y aún así el Ministerio Público no hace nada al respecto.

En los incidentes lamentables, en que ha perdido la vida algún estudiante, las autoridades han actuado diligentemente, dando con los responsables, donde ¡curiosamente! la gran mayoría de las víctimas registradas han militado en el chavismo. (En verdad éste es un punto curioso y propio del libro Guinness: la mayoría de las personas asesinadas en protestas estudiantiles, luchas reivindicativas y sucesos públicos, han sido militantes chavistas. El ejemplo más palmario son los 229 dirigentes campesinos que han muerto a lo largo y ancho del territorio nacional desde la aplicación de la Ley de Tierras y Desarrollo Agrario, en 2001. Una cifra verdaderamente indignante, lo suficiente para avergonzarnos a todos. Y más a los incapaces del Ministerio Público, si vergüenza tuvieran).

Hoy Magdiel hubiese formado parte de la construcción colectiva del socialismo, y fuese el mismo camarada soñador que fue, cuando ser de izquierda y comunista costaba la vida, como a él mismo le costó. Fuese un agudo analista, porque su inteligencia así lo proyectaba; éste era su tiempo histórico; quienes lo conocimos de cerca debemos honrar su memoria con nuestras acciones y con nuestra consecuencia política a sus sueños de adolescente rebelde, que aún no se han cumplido. Quienes integramos su generación soñadora, en la responsabilidad pública que asumamos, debemos ser prístinos y eficientes en el manejo de los dineros y de los bienes del pueblo, direccionándonos siempre al socialismo y, más profundamente, después, al comunismo.

Sólo así habríamos de estar siendo fieles a su memoria; sólo así su muerte habría de ser absorbida por la vida.

lunes, 15 de marzo de 2010

Casal, el mentiroso

Contrastando la declaración del gobernador del estado, Wilmar Castro Soteldo, que reseñara el diario “El Universal” de Caracas, el pasado lunes 8 de marzo, en voz del periodista que cubre su fuente política, Pedro Pablo Peñaloza, bajo el título “Intentan crear un estado comunal en Portuguesa”; con la declaración que ofreciera el columnista de oposición José Ignacio Casal, una semana después, es decir, este lunes 15 de marzo, al diario “Ultima Hora” de nuestra ciudad, para ripostar aquella; puede denotarse perfectamente la tergiversación en que incurre éste último mencionado, en función “de ayudar” a su cada día más alicaída y fragmentada mesita, sin la menor vergüenza en ser desmontado, como en efecto lo haré en los párrafos siguientes.

Al ex-ministro de Fomento del primer gobierno de Carlos Andrés Pérez no le importa si se le demuestra o no la distorsión que él hace de un concepto, o el cambio de una palabra y agregación de otra palabra adrede, para ambientar la connotación que quiere para tergiversar. Como viejo “político” educado en la escuela del mentir, piensa que quien lea sus dichos no se molestará en buscar las fuentes que los originó, que de paso no las dice, en su “grave… …llamado de atención a los portugueseños”. Por lo general el lector que lee un infundio, no es el mismo lector que lee el derecho a réplica por ese mismo infundio, como afirman estudiosos de la comunicación. Para este personaje mentir no importa, mientras sirva a un fin.

Cuando explicaba la estructuración de los circuitos comunales y su adecuación práctica, con la finalidad de darle cuerpo al estado comunal, el gobernador Castro Soteldo habló, entre los pasos de trascendencia que éstos debían dar, de la necesidad de "pasar de la tarea estrictamente electoral a una tarea política". Construir un país, es una tarea política.

De esta línea, el tergiversador se agarra y dice, “…a los circuitos comunales, que engloban a los consejos comunales, les va a dar recursos para pasar del mero acto electoral, a la acción política; esto quiere decir que le está pasando recursos de las alcaldías y del Ejecutivo regional, por unos 400 millones de bolívares fuertes, para la acción política…”. Para más adelante agregar una palabra que no aparece en la declaración del gobernador, “…es verdaderamente grave… …primero por ser ilegal, al no poderse utilizar los recursos del presupuesto nacional en la acción política partidista, lo que está prohibido en la ley y quien lo haga debe ser sometido a juicio… ”. ¿Se dieron cuenta que agregó la palabra partidista? A la palabra tarea, que fue la usada por Castro Soteldo, ya la había desvirtuado con las palabras acto y acción.

Este contrabando, que hizo este bribón, esta mentira, creyendo que las demás personas son tontas, fueron una práctica muy usual en el puntofijismo: recrear un escenario para establecer una presunta verdad. Por si alguien no lo sabía, es oportuno recordarlo que fue el gobierno del presidente Hugo Chávez Frías, el que suprimió el financiamiento a los partidos políticos con dineros públicos. La palabra partidista no está agregada allí en forma inocente. Cumple un rol en el subconsciente de nuestros caros lectores, en el desarrollo de la presunta “verdad” que él ha deseado posicionar.

Pero hay en los dichos expresados por José Ignacio Casal algunos referentes necesarios de explicar y contrastar. Debo intuir que el otrora –y costoso− empleado de Emilio Conde Jahn, a cuya sombra hizo la fortuna que ostenta, no se ha documentado sobre la actual arquitectura legal del país y de las nuevas formas de organización. Debo intuir que lleva más una década sin observar la sociedad venezolana. En los consejos comunales participan quienes integran una comunidad en general, sin importar la filiación política que la persona tenga. Difícilmente “la acción política” de un militante de un partido político equis pueda filtrarse u obtener algún beneficio en la tarea política de un consejo comunal, así este militante sea un miembro directivo. No puede. La misma contraloría social y la práctica diaria del consejo comunal lo detecta: es una auténtica democracia. Los proyectos por los cuales solicitan esos financiamientos que preocupan tanto a José Ignacio son elaborados, discutidos y aprobados en asamblea, e incluso, en algunos casos, ejecutados por ellos mismos. Por ese filtro es muy difícil que las viejas mañas puntofijistas se cuelen. Aquí los ojos de las comunidades, engordan sus propios caballos. No los caballos de otros, como ocurría en la IV República.

Hay otra frase del gobernador Castro Soteldo que llamó la atención de Joseíto, “…creo que debemos caminar en ese hilo frágil de la legalidad y de la ilegalidad…”. Es el accionar del ser humano el que crea la ley, no la ley al accionar del ser humano, es un principio elemental del derecho. No entiende que el país cambió. La nueva ley va normando la creación en plena hechura. Hay otro concepto que va más allá de los consejos comunales y de las comunas, y que seguro lo escandalizará más, el poder popular, que es la transferencia total del poder al pueblo, en la construcción colectiva del socialismo.

También aduce Casal que los cuatrocientos millones de bolívares que se invertirán a través de los circuitos comunales, se deberían utilizar para “…velar por la agricultura, porque aquí se vive, se siente y se progresa únicamente por la agricultura, y no se sabe si Castro Soteldo conoce cuánto se puede hacer con Bs.F. 400 millones invertidos en el desarrollo agrícola (vialidad, obras de riego, fertilizantes, infraestructura, entre otras), y no utilizar ese dinero en actividades políticas…”. ¿Interesante, no? Sería interesante también preguntarle a este caballero, ¿quién impuso el actual modelo agrícola a nuestro estado? ¿Para qué sirvió? ¿O para qué sirve? Llama “actividades políticas” al accionar del pueblo organizado y en revolución, pero no siente rubor alguno al exigir el fortalecimiento de la agricultura empresarial capitalista, causante en medida suprema de la desigualdad social de los portugueseños, de la miseria y el hambre en nuestro campo.

Hay otras babosadas en la declaración de José Ignacio, pero, ¡qué fastidio! si tengo ánimo –y tiempo− en otras columnas le dedicaré otras líneas.

lunes, 8 de marzo de 2010

¿Mesa? ¿Democrática?

Es un desgaste terrible de energía −y de tiempo, además−, ponerse uno a contestar cada babosada que se escribe o se dice todos los días, con irresponsable ligereza, por los medios de comunicación, en contra del presidente Hugo Chávez Frías, de su gobierno y del sistema político que él propone: el socialismo.

La oposición venezolana, como viuda del pasado gime, haciendo cualquier cantidad de análisis sobre un presunto avance que tiene, que en el terreno práctico, tangible, no se ve.

El gran elector, por la inmensa mayoría que constituye, que es nuestro pueblo, no se siente identificado en los brumosos motes de “sociedad civil” y “sectores democráticos”, con los que aquella se autoproclama, para diferenciarse del chavismo. Sabio como es, el venezolano intuye que es una treta excluyente para esquilmarlo, para hacer uso de su legitimidad, en contra de sus más caros intereses. ¿Qué pueden transmitirle esos motes? ¿Sociedad civil? ¿Sectores democráticos? No sé. En cambio, pueblo y chavismo, son una sola ecuación y un mismo resultado.

Siempre he dicho que esos cuatro millones y medio de votos que ellos tienen, cuando los estratificas por zonas, le quitas el tirro marca «Chávez, vete ya» que los une, y le pones un rostro y un nombre, esa votación adquiere su tamaño real: el suficiente como para representar a una minoría.

Una cosa es esa votación en un contexto nacional, y otra muy distinta es esa misma votación cuando la segmentas en realidades regionales y locales. ¿Se comportará igual, como cuando enfrenta Chávez, al elegir por lista en Portuguesa a un modesto dirigente de Biscucuy, a quien prácticamente, fuera de su municipio, nadie le conoce en el estado? Está por verse. Y si se le añade la fragmentación que atraviesan por esa misma curul, al parecer la única que obtendrán, la situación les luce bastante difícil.

El tremendo síndrome de mayoría que tiene nuestra oposición les obnubila el panorama de las elecciones del 26 de septiembre, y les hace incurrir en el ostentoso lujo de ir fraccionada, bajo el simplista y falso análisis de tener “muchos líderes”, cuando “el chavismo tiene sólo uno”.

Cuando se analiza desde el mundo al revés, los resultados de dicho análisis siempre saldrán al revés.

Ya el pueblo venezolano no es la masa legitimadora, a la fue convertida por el puntofijismo en los últimos 40 años que antecedieron a 1998. El pueblo venezolano se organiza en revolución, se constituye en poder popular, exige cuentas, y conoce de su fuerza y sabe cómo usarla.

Es cierto que el grueso de ese mismo pueblo fue la base social de ese último período histórico, razón más que se agrega como conocimiento de causa al nivel de conciencia política que hoy muestra.

Nuestro pueblo conoce muy bien a quienes hablan de renovación de liderazgo, cuando nunca fueron líderes, cuando nunca se renovaron; a quienes hablan de democracia, y usaron el poder en contra de ese mismo pueblo que les dio legitimidad.

Las cosas grotescas que uno ve y oye.

Hace días por televisión vi a Enrique Mendoza decir que, “según sus números”, la oposición obtendría “más de cien diputados”. Hay que tener sentido de la proporción. La Asamblea Nacional la integran 165 diputados, y si eso fuese cierto, la oposición no fuese oposición porque controlaría el poder político en Venezuela. Ése fue el mismo mentiroso que les dijo a sus seguidores que la oposición había recogido 27 millones de firmas para el Referéndum Revocatorio de 2004, cuando la población del país oficialmente se ubicaba en 25 millones de personas. Saquen la cuenta, caro lector, de la catadura moral y política de ese personaje.

Producto de la elección parlamentaria del próximo 26 de septiembre, quien haya de controlar la mayoría simple, es decir, la mitad más uno, necesitará 83 diputados; y quien haya de controlar la mayoría calificada, es decir, dos tercios, necesitará 110 diputados. Y la oposición venezolana no cuenta con el caudal electoral suficiente para aproximarse a esos números.

Modestamente les doy un parlamentario en cada estado por lista, es decir, 24 diputados; más los parlamentarios que obtendrían en los circuitos donde poseen fuerza real, que pudiera ser un poquito más de la mitad de lo que obtuvieran por lista, es decir, en sumatoria, entre 36 y 40 diputados. Más de ahí, no. Aún así, les faltaría mucho para llegar a un tercio de los integrantes totales de la nueva Asamblea Nacional.

Es un deber ético desmontar las matrices que a este respecto surjan, aunque ello implique un desgaste terrible de energía.

Siempre todo esfuerzo su saldo positivo deja.